lunes, 4 de noviembre de 2013

Una palabra, puede no decir nada… una palabra, puede ayudar mucho.

Leí el otro día por ahí una frase del escritor, novelista, poeta, periodista portugués José Saramago:

“He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro”.

 
Me quede con ella varios días, dando vueltas por mi mente, haciendo reflexionar mi lado rebelde y alma libre. Desde niña renegaba el hecho que me hicieran sentir esclava u objeto de alguien, siempre he creído que la libertad de cada persona es sagrada, que el pensar, el sentir, el actuar, el manejarse libremente por la vida no debe estar limitada para beneficio de otros.
 
 
 

Puede que sea más fácil pasar de lado y tratar hacernos los tontos ante las dificultades de los demás, todos llevamos nuestra propia carga, pero también es cierto que en alguna ocasión hemos necesitado que alguien nos extendiera una mano.

Siempre habrá personas a nuestro alrededor que necesiten de una mano, cuando des una palabra sabia, cuando des un acto de bondad… cuando tengas el privilegio de poder regalar amor, asegúrate que sea para el beneficio del otro.

Está en nosotros ser conscientes que somos los únicos responsables, de las decisiones que tomemos, está en el otro ser consciente que puede ser una herramienta para ayudar, sin querer colonizar.

El intercambio de pensamientos, de ideas, hace que los encuentros, los contrastes de criterios, encontremos las bellezas de las cosas y con ello aprender a decidir lo que nos gusta.

 

Que el miedo y la comodidad no nos haga voltear la mirada hacia la indiferencia.

 

Vanessa Carvajal.