viernes, 14 de marzo de 2014

Crecer duele…

Es como saborear la hiel y la miel al mismo tiempo. Experimentamos emociones y sentimientos encontrados.

Duele ver las verdades desnudas, escuchar el silencio ajeno, conocer personajes desconocidos. El dolor activa los sensores de nuestros sentidos, captando lo que nos rehusábamos conocer.

Duele cuando lo que nos gusta, lo que deseamos, lo que idealizamos, lo que amamos… siempre no será, no puede ser y entonces empieza una batalla interna para coger valor… de dónde? no sé!, de cualquiera de las entrañas que acabe pronto con el dolor, para comenzar a adoptar la idea que hay acontecimientos que se escapan del control de nuestras manos, la que nos ayude a dar paso al dolor, la que nos enseñe a afrontar miedos, dudas, retos. Que nos ayude a seguir fluyendo para seguir caminando, amando y sintiendo… para vibrar.

Ese es el primer paso que nos indica el crecimiento interno, el del alma! Hallar la paz interna nos produce sensaciones ricas, facilitándonos la aceptación y es entonces que aprendemos a disfrutar el sabor de la miel, del camino andado asumiendo contradicciones, viviendo conscientes de nuestra existencia, del aquí del ahora y no quedarnos atrapados en lo que suscitó.


Con el dolor llega la serenidad y aunque hay días en que soy más fuerte y en otros flaqueo, y mis pensamientos y sentimientos me traicionan, con el dolor aprendo cosas nuevas, pero lo realmente importante es lo que yo decido hacer con él.

 
 
Vanessa Carvajal.